julio 31, 2010

Política chilena: ¿Reflejo de nuestra idiosincrasia?



Cuando nos hablamos de política, sin lugar a dudas, las primeras palabras que invaden nuestra mente son corrupción, mentiras, disputas, ineptitud e incompetencia. Pero ¿Cuál es la razón de que asociemos la política a algo radicalmente malo y no como sinónimo de responsabilidad, representación de los intereses sociales, decisión o discusión seria, que es en realidad lo que debiese ser? La respuesta es bastante obvia, los protagonistas de nuestra escena política se han encargado de ensuciar la real dimensión de ella, dedicándose a cualesquiera otras labores, menos a aquellas para las cuales fueron investidos.


Son innumerables los ejemplos posibles para graficar lo señalado, trascendiendo prácticamente a todos los gobiernos desde la emancipación chilena hasta el presente, y los escándalos en que se ven involucrados los políticos son de diversas magnitudes, es decir, hay para todos los gustos, usted elija.


Pero la gran pregunta es, si esta realidad es reflejo de lo que somos como sociedad o en sí misma la política es “sucia”. Al respecto, es necesario aclarar ciertos puntos para poder entender esto.


Nuestro país, en relación al resto de Sudamérica, tiene uno de los índices más bajos de corrupción junto con Uruguay. ¿Entonces, lo que se vive diariamente en el país es ignorado a nivel internacional o el resto de los países sudamericanos es peor que nosotros? La verdad sea dicha, Chile es uno de los Estados más estables políticamente en el Cono Sur, y eso es una verdad innegable. Pero aún así, si preguntamos a cualquier transeúnte como considera la política chilena, la gran mayoría de ellos la relacionaría con la corrupción o los otros vicios que la opacan.


A lo largo de la historia de la humanidad, se ha dado la constante práctica de utilizar los cargos políticos para beneficio de quien lo ejerce, y Chile no es la excepción. Ya desde los primeros gobiernos conservadores de corte autoritario, los políticos usaban sus cargos para mantenerse en una posición social privilegiada. Actualmente, no ha cambiado mucho el panorama y lo más probable es que no cambie tan fácilmente, así, seguiremos asociando la política a todo lo repugnable que alguien se pueda imaginar.


Atendido esto, solo cabe concluir que si bien la política no es esencialmente deshonesta, las personas que participan activamente de ella se las han ingeniado para que lo sea todo lo posible, y aunque se asemeje esto en algo a la idiosincrasia nacional, la verdad es que ocurre exactamente lo mismo en todo el mundo, con algunos matices, pero lo mismo, y lo más lógico es que siga ocurriendo durante un largo tiempo.

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