enero 13, 2011

El Gran Juego de la Joda.

Estando a pocos días de cumplirse un año de la derrota de la Concertación, y obviamente del triunfo del charlatán es increíble darse cuenta como ha ido cambiando nuestro país. Bachelet lo dijo: "No la lo mismo quién gobierna para mantener la protección social"; pues bien, la protección social no está detrminada por los programas de corte izquierdista del tan anhelado gobierno anterior. La frase de Bachelet tiene una connotación mucho más profunda. La Concertación en 20 años construyó una sociedad con muchos defectos, eso es indudable: pero también con muchas virtudes, que tenía expectativas en el tiempo muy auspiciosas para la mayoría de la gente. 

Sebastián Piñera se ha dedicado a gobernar para los grupos de elite. En primer lugar en el ámbito económico, fomentando la "participación" privada, vendiendo la participación del Estado en las empresas sanitarias (principal argumento para criticar a Eduardo Frei); pagando  sobre precios a los amigos con la excusa de la reconstrucción del país, reconstrucción que hasta ahora no tiene fecha de inicio. También tomando medidas económicas, en acuerdo con el Banco Central, que al final del día, traerán un problema de inflación y probablemente desempleo notorio en nuestra sociedad. En segundo lugar, dándole notoriedad a los grupos religiosos católicos de extremo conservadurismo. Me refiero al Opus Dei, movimiento denigrante de la dignidad y la libertad personal que ha puesto sus garras en el Estado, apropiándose de instituciones que por esencia deben ser laicas, partiendo por el Ministerio de Educación. Es un retroceso notable en el avance de la libertad de conciencia de cada chileno, conciencia que debe ser libre y formada de esta manera desde el momento que entra a un jardín infantil.

El año 2010 fue una verdadera joda. Entre el terremoto, el mundial, los mineros, los mapuches, el incendo en la cárcel y la Teletón; Piñera sacó un año baratísimo. Sin embargo, también quedó en evidencia que es un sujeto absolutamente incompetente, pues asumiendo que gobierna solo para la volatilidad de las encuestas, éstas han reflejado que su gestión es profundamente etérea, careciendo de toda profundidad política.
Dice una canción de Enanitos Verdes llamada Dale Pascual: "el predicador nos engañó, su vida no es lo que dios mandó". Y es la verdad. Este mesías que venía a redimirnos de nuestros pecados, no ha hecho nada productivo por el país. Sólo ha tomado medidas deficientes o bien son medidas populistas que no tienen real utilidad.

Indudablemente, hasta el Profeta de Peñalolén tiene más credibilidad que Piñera y hasta el diputado Alinco es menos "cara dura" que el otrora dueño de Colo - Colo. No queda más que rogarle al mismo dios de Piñera para que le entregue la sapiensa necesaria para dirigir el país por un buen rumbo... o por lo menos, como se diría en buen chileno, "no nos deje en pelotas".